Posteado por: zirtalef en: 21 julio 2010
Todo empezó cuando un buen amigo, de esos que das gracias haber tenido la suerte de conocer, me dijo “En Julio se celebra un festival en Almagro de teatro clásico, no te lo puedes perder”. Yo estaba reticente, en fin, ¿recorrer (a ver, espera que consulte google) casi 3h de coche para ver una obra de teatro? No lo veía muy claro. Pero teniendo en cuenta su insistencia ( y que la última vez que me insistió así me arrepentí mucho de no hacerle caso), me decidí. Coche en marcha y para Ciudad Real, primera parada Fuencaliente (y no, no es Fue-en-caliente, como he tenido que aclarar hace un rato a unos amigos).
Fuencaliente es un pueblecito al sur de Ciudad Real, no tanto como para ser Córdoba, pero lo suficiente para notar un cambio de parajes y paisaje. Los montes y los árboles se extienden en el horizonte en cuanto asomas la cabeza por encima de esas lindas casitas blancas, que parecen agrupadas adrede para que un pintor lo tuviese aún más fácil y tentador. Los latifundios y las fincas rodean la zona. Tuve suerte y pude entrar en una de ellas, vi por primera vez en directo vacas, y cochinos. Las vacas son animales curiosos, que se quedan mirando fijamente cuando sienten tu presencia. Me dio la impresión de que estaban tan aburridas, que cualquier cambio atraía toda su curiosidad. También me parecieron como perros muy grandes, por la tranquilidad de su mirada, y sus frentes peludas y acariciables. Esas las encerradas, y tras el comentario “pronto serán filetes” se me hizo un poco chica el alma.
Luego paseamos por otra finca, en la que había vacas sueltas, y esas dieron miedo. Sabéis lo GRANDES que son las vacas lecheras? dios, menudo animal. Hace años en el colegio una amiga me dijo “vi una vaca, con unos cuernecitos enanos, y me acojoné, asíq no quiero ni pensar cómo es estar delante de un toro”. El acojone lo achaqué a su impresión subjetiva, pero no, es que objetivamente acojonan. Son animales tan altos como un coche, y tan largos como… un coche. Y éstas no tenían cuernos pequeños ni mucho menos. A pesar de ser mansas, y constarme que se acercaban pensando ansiosas que les traíamos el suplemento de pienso, toda mi energía se concentró en desear continuamente que ninguna empezara a correr hacia mí para embestirme, aplastarme, arrollarme, o comerme, quién sabe.
Esa tarde, después de una abundante comida típica de pueblos y familias buenas (que no necesariamente buenas familias), nos fuimos a ver el Castillo de Calatrava, teóricamente de camino hacia Almagro. Difícil de encontrar (tristemente) pero vale la pena en todos los aspectos. Lo recomiendo encarecidamente, y para no extender demasiado la entrada, como me pasa cuando disfruto con lo que escribo, me remito a una sencilla explicación aquí: http://www.donmartinrural.com/castillo.htm. Y aquí un resumen de la impresión: grande, auténtico, altísimo, majestuoso, y encantador.Tan encantador, que en él se nos fue toda la tarde, y hasta las 8 no pusimos rumbo a nuestro destino original.
Según nos adentrábamos en la Mancha, se hacía patente en la extensión de los valles, lo árido de la vejetación, el olor a Castilla. A las 20.45 pisábamos el pueblecito medieval que nos ocupa, recogemos las entradas compradas por internet (sin colas, sin problemas, sin requisitos especiales). El centro del pueblo es pequeño y acogedor, muy implicado con la causa, rebosante de carteles relativos al festival “internacional”, folletos, guías, e incluso chicos haciendo encuestas turísticas. No nos dejaron pasar a ver el único corral de comedias original del mundo (http://www.turismocastillalamancha.com/arte-cultura/monumentos/almagro/corral-de-comedias/) sito en este pueblo, y aunque habría sido lo ideal, la simpática mujer de la puerta consideró que a las 20.53 ya era demasiado tarde, y nos hizo notar con despecho que “había estado abierto durante 7h!”. Tardó en pasárseme el rebote ante este desplante, pero no demasiado como para disfrutar de la plaza mayor, con el Ayuntamiento presidiéndola majestuoso, los bares con las mesitas por doquier llenándose por minutos, las calles tomadas por turistas, puestos de souvenir, y ambiente cultural. No podía evitar pensar “todos estamos aquí por amor al teatro, la humanidad tiene esperanza si siguen pasando cosas así”.
La obra que nosotros íbamos a ver, de las 5 que había cada noche, se representaba en la antigua universidad renacentista, nada menos que a las 22.45h. -pensándolo bien, es una hora estupenda para aprovechar el tirón turísitico- consumista estratégicamente hablando, porque, ¿qué hacer hasta las 11 de la noche, sino cenar, e ir de tiendas? Córdoba tendría que tomar nota-. El edificio es impresionante, y eso que fue nuestra 3ª opción, elegida por falta de entradas en las dos primeras. Valió por completo la pena. La organización no podía ser más atenta y coordinada, con gente en cada esquina indicando el camino, o acompañándote a tu asiento. La obra (El Avaro), protagonizada por Juan Luis Galiardo,con Tomás Sáez y Manolo Caro (si recurrís a google, seguro que os suenan las caras de series o películas). Quiero mencionar que Juan Luis Galiardo hizo callar al público después del aplauso final, y dedicó unas palabras a la necesidad de “alcanzar la independencia a través de la cultura” que tenía España, y que la ha caracterizado en otras épocas, tan necesaria en esta época de terrible crisis. Agradeció la asistencia, y nos dejó con muy muy buen sabor de boca.
Debo confesar que en el camino de vuelta no pude evitar caer dormida dejando a Ramón solo al volante, luchando contra la monotonía de la carretera a oscuras. Hice lo que pude, lo prometo! En mi defensa diré que… eran las 2 d ela mañana! y los opositores tenemos cogido un horario de bebé para dormir…! Aunque claro, eso también es aplicable al pobre chófer.
Al día siguiente, día de piscina en “Los Azores”, en mitad de la naturaleza, sol radiante y árboles por todas partes.
Este fin de semana ha sido redondo, y si no habéis ido a ninguno de estos pueblos, lo recomiendo. Vaya buen inicio de vacaciones que me han dado.